Toquero viene del fútbol modesto, de los campos de barro y pocas comodidades de Segunda B. Llegó al Athletic desde el Sestao, después de hacer un par de buenas temporadas, cuando Caparrós rebuscaba futbolistas en todos los equipos vizcaínos. El técnico sevillano dudó al principio porque pensó que era un jugador más veterano por su alopecia prematura. Al decirle que tenía 23 años lo fichó. Desde entonces, se ha convertido en el ídolo local por su entrega, derroche físico y humildad. De eso anda sobrado, y así suple (en parte) su falta de gol.
Es un delantero extraño, poco anotador (22 goles en más de 130 partido). Atípico. A cualquier otro se le cuestionaría por su falta de puntería, pero a Toquero, aún siendo delantero de un equipo que aspira a luchar por los puestos nobles de la Liga y Copa, no se le exige grandes guarismos en esta materia. Peleado con el gol, suele conseguirlos en momentos clave (abrió el marcador en la final de la Copa del Rey) y en muchas ocasiones para enmarcarlos.
Es un futbolista tan extraño que bajo esa calvicie y ese fútbol de derroche físico esconde una gran calidad técnica. Es la única manera de explicar algunos de los goles que ha conseguido. Hace unas semanas (en Copa frente al Albacete) asombró con un gol de tacón elevado. No fue de casualidad. Lo puso ahí. Con un sutil toque de tacón elevó el balón para superar a defensas y portero. Y ayer, frente al Málaga, volvió a dejar con la boca abierta a los aficionado anotando un gol que recuerda a aquel que marcó Van Basten. El vitoriano se disfrazó del holandés rematando de manera acrobática un gran centro desde la línea de fondo de Ander Herrera. Gol de Toquero y éxtasis en la Catedral.
Alexis Vicente, vía El Gol de Pelé
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Imagen athletic-club.net
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