El guión de la película de anoche sorprendió hasta al más despistado. Primero al Manchester United, un conjunto poderoso que no veía más que balas verdes que dominaban en lo físico, en lo táctico y en lo más importante, el cuero. La obra rompía los esquemas también a unos aficionados locales que debían resignarse a sufrir con los suyos a la par que no eran capaces de articular dos cánticos seguidos que pudieran acallar a la siempre fiel hinchada rojiblanca. Y por último al mundo entero con una actuación que sitúo en el mapa al conjunto de Marcelo Bielsa por méritos propios. Ya no es el ‘Athletic de Bielsa’. Ahora es el Athletic de Bielsa y de Fernando, de Markel y de Iker, de Ander, de ‘Itu’, de Javi.... Los jugadores trascienden con su fútbol y traspasan fronteras. Los elogios que España dedicaba al juego rojiblanco se extienden desde ayer a los cinco continentes.
Eso es lo que hacen escenarios como el Teatro de los Sueños. Engrandecer a los humanos, a los que viven y suspiran por un minuto de gloria que puede ser eterno. Son escaparates perfectos para dar un puñetazo en la mesa. O varios. Porque ayer, uno por uno, los once futbolistas que saltaron al terreno de juego lo hicieron con una única misión: enseñarle al mundo que aquí hay una nueva vía. Y a bien que lo consiguieron. Es este un nuevo equipo que quiere que alrededor de un balón todos olviden y solo recuerden la magia que sale de sus botas. Algo al alcance de muy pocos y que una cuadrilla de amigos logró anoche con la ayuda de ocho mil gargantas que no dudaron en poner de su parte.
La afición bilbaína no se hizo de rogar. Desde muy pronto se dio cita en las gradas del estadio y se hicieron notar. Las conexiones televisivas y radiofónicas estaban regadas con cantos ‘zurigorris’ de fondo. A la salida de los jugadores al calentamiento pitos para los ‘red devils’ y ánimos a los leones. En Manchester. El mundo al revés. Pero esa es la fidelidad a unos colores. Con el arranque del partido todo se desbocó. El guión no existía, algo a lo que ayudó Ferguson con su once inicial. Sin Fletcher, dejar a Carrick en el banquillo es poco menos que un suicidio. Él se convierte en el sostén de un equipo desnortado en muchas fases de la temporada. El remiendo que lleva intentando desde hace meses con Phil Jones funciona ante equipos relativamente flojos, aquellos que no llegan a Old Trafford con todo el descaro del mundo. Es un buen futbolista el inglés y llega a funcionar como medio centro de contención pero será complicado que ofrezca un buen rendimiento en las grandes citas acompañado de un solo futbolista en la medular. Y menos si este es Ryan Giggs, todo clase, inteligencia y calidad pero al que la edad no perdona. Su físico no es el que era y eso repercute en su incidencia en el juego y en su peso en las ayudas defensivas. En algún momento debe dosificarse.
Cuando el dominio visitante crecía y crecía y quedaba claro que solo había un equipo sobre el terreno de juego, los de Ferguson hicieron lo que mejor saben. Correr, llegar rápido al área rival y ahí combinar para matar. El galés de oro hizo lo que mejor sabe. Porque Giggs podrá sufrir físicamente o ser algo intrascendente como medio centro, pero en cuanto se acerca al área rival vuelve a tener 25 años. Asociándose con uno o con otro, jugada individual, pase a Chicharito, este se revuelve y el paradón de Iraizoz queda en agua de borrajas. Wayne Rooney, en su única acción acertada de toda la primera mitad aparece de la nada y manda el balón al fondo de las mallas. Chorro de agua fría para las aspiraciones de un equipo que merecía más.
En las adversidades es cuando toca crecerse. Y ayer fue la grada rojiblanca la que, tras dar un lección desde el primer minuto, siguió a lo suyo para levantar el ánimo de sus jugadores. Ocho mil frente a cincuenta mil y aún así superaban por mucho en decibelios a los locales. Así que desde la grada los de Bielsa volvieron a creer y a crecer. Seguían cayendo las ocasiones y el grito de esperanza inicial se tornaba difuso. La eterna falta de efectividad que asola a los bilbaínos llegaba a su máxima expresión en el peor escenario posible. Pero los sueños hay que vivirlos y saborearlos. En una gran jugada de conjunto Llorente mandaba el esférico al fondo de las mallas con un excelente cabezazo. El primer granito de arena, el más difícil ya estaba puesto. Ahora era los locales los que debían dar un paso adelante si querían llevar un resultado positivo a Bilbao.
Tras la vuelta de vestuarios de ambos onces no solo el United no dominó si no que dejó de rondar el área de Gorka. Y si al león le dejas, te come. Sorprendía Ferguson manteniendo el mismo esquema, sacando a relucir uno de sus grandes defectos: la cabezonería. Confía demasiado en los suyos y sus ideas pero tras la primera mitad se vio que no era el día. Una charla no bastaba y eran necesarios cambios en lo deportivo. Por eso el Athletic, engrandecido por la fuerza de sus hinchas, siguió jugando en Old Trafford como si lo hicieran desde toda la vida.
En esos minutos posteriores parecía que el United, con el centro del campo de tres, se quitaba un poco el dominio de encima y achuchaba a los bilbaínos. Nada más lejos de la realidad, Muniain fue el encargado de golpear de nuevo y subir el tercero al marcador con un gol de pillo para delirio de los desplazados a Manchester, de los que estaban en casa, en bares, de los mitos y leyendas rojiblancos que pasaron a la historia y hasta de San Mamés. ¡Ganar en Old Trafford! ¡Qué delicia! Increíble lo que lograban los muchachos con ese tercer tanto. Quedaba el descuento y eso ya no se escapaba. Ni siquiera el segundo gol de Rooney bajó los ánimos 'athleticzales'
La historia estaba hecha, escrita y firmada ante notario. Ayer muchos aficionados, jóvenes en su mayoría, vieron al mejor Athletic de su vida. Sin parangón en situaciones anteriores por escenario, entidad del rival y calidad propia. Por supuesto, también, por esos ocho mil bravos aficionados que hicieron de la cancha del Manchester United un pequeño San Mamés. Quien no lo tenga claro que abra los ojos y lea bien alto que ayer se escribió una de las páginas doradas del club bilbaíno. Más leones que nunca. Orgullo y pasión.
Pero esto aún no ha terminado. Noventa minutos por delante que pueden dejar en nada el histórico e inolvidable triunfo de anoche. Tocará recordarlo antes para olvidarlo durante. Convertir el estadio en una olla presión donde los ‘red devils’ pierdan lo de diablos por un par de horas. De ocho mil se pasarán a cuarenta mil gargantas que deben meter el miedo a cualquier despistado que aparezca con unos colores que no sean los rojiblancos. De la obra teatral excelsa de Old Trafford a la religiosidad mística de San Mamés. Del Teatro de los Sueños a La Catedral, donde los sueños deben encomendarse a los dioses, dejar la escena y pasar a la realidad.
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Imágenes vía elcorreo.com
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